Y ese hallazgo lo cambia todo.
De los avances a pasos agigantados de la semiología, originada por Saussire y continuada en un plano contemporáneo por autores como Roland Barthes desprenden un mensaje importante: El valor de las imágenes, del mundo audiovisual en el que nos encontramos inmersos puede prestarse a manipulación. Y esa manipulación es la que finalmente retendremos en la memoria, pues hoy en día la memoria colectiva, ejercida en tiempos antaños por ha sido substituída por la fotografía y las imágenes, que pasan a fomar parte del terreno que consideramos realidad. Lo explica Barthes en La Cámara Lúcida, un espléndido ensayo que intenta definir la fotografía, que acaba definiendo casi igual de efímera que cuando la comenzó a estudiar.
Por lo tanto, las imagenes de los medios son manipulaciones construidas socialmente.
En el lenguaje escrito nos encontramos con dos tipos fundamentales de manipulaciones: el de la letra y el de la palabra. En el ideográfico nos encontramos con las ideas. El alfabeto es más productivo: con pocos signos podemos construir muchos significados. Por otro lado, el lenguaje de transmisión oral tiene la limitación de la memoria, pero la potencialidad de la voluntad colectiva de preservarlo.
Desgraciadamente para Barthes, sin embargo, hoy en día ya somos capaces de escribir con símbolos tan efímeros como son las fotografías. No es que antes no existiera la moda, o la infinitud de cosas a las que sacamos fotografías hoy en día. Es que hoy en día podemos "escribirlas" en imagen y luego reproducirlas.
En este contexto, el libro va desapareciendo. Nos preocupa su evolución. La lectura es algo individual, que no nos reencuentra con nosotros mismos, que nos ayuda a cuidar nuestra vida interior. La lectura es un producto de la sociedad burguesa. Es individual, pero no es social. Es por ello quizá por lo que da la sensación de que pasa a un segundo plano, aunque realmente conserve su fuerza de siempre gracias a los que cada día cogemos un libro.
Cuando decimos que el libro 'desaparece' del panorama social al que estaba atado es porque aparecen otras cosas. Un nuevo alfabeto. Existe una nueva oralidad (mediante la radio y los podcasts) que además tiene una memoria propia (su capacidad de almacenamiento puede superar amplimante las barreras del espacio del tiempo). Existen nuevas imágenes con significados antes inexpresables gracias a las nuevas tecnologías (ilustraciones de photoshop, arte digital) y existen nuevos textos, que si bien no han cambiado su manera 'gráfica' de ser, ya que la ley de los ideogramas sigue vigente, sí ha cambiado la manera en la que nosotros nos enfrentamos a él.
Los textos dig
itales, al contrario de lo que mucha gente puede pensar, no son leídos iguales que los grafismos en papel. El texto en papel es lineal (no se nos ocurre saltar de linea a linea), es individual. Contiguo (después de un capítulo de un libro, sencillamente doblamos la página y comienza otro) y coherente. La lectura en pantalla es totalmente diferente. Es una lectura fragmentada, que no entiende a veces de lineas y, lo más importante: es discontinua e hipertextual. No tenemos que acabar de leer una información para pasar a la siguiente, y a esta nueva información no se llega pasando de página, sino que se llega haciendo un click que nos puede llevar a contenidos realizados en la otra parte del mundo.Por último, los textos digitales provocan participación e interacción. Quizá esa sea la característica diferenciadora más importante de todas. Son ya, algo social.
