jueves, 16 de diciembre de 2010

Medios de Comunicación: Cambio de Contexto



Esto no es una pipa

Y ese hallazgo lo cambia todo.

De los avances a pasos agigantados de la semiología, originada por Saussire y continuada en un plano contemporáneo por autores como Roland Barthes desprenden un mensaje importante: El valor de las imágenes, del mundo audiovisual en el que nos encontramos inmersos puede prestarse a manipulación. Y esa manipulación es la que finalmente retendremos en la memoria, pues hoy en día la memoria colectiva, ejercida en tiempos antaños por ha sido substituída por la fotografía y las imágenes, que pasan a fomar parte del terreno que consideramos realidad. Lo explica Barthes en La Cámara Lúcida, un espléndido ensayo que intenta definir la fotografía, que acaba definiendo casi igual de efímera que cuando la comenzó a estudiar.

Por lo tanto, las imagenes de los medios son manipulaciones construidas socialmente.

En el lenguaje escrito nos encontramos con dos tipos fundamentales de manipulaciones: el de la letra y el de la palabra. En el ideográfico nos encontramos con las ideas. El alfabeto es más productivo: con pocos signos podemos construir muchos significados. Por otro lado, el lenguaje de transmisión oral tiene la limitación de la memoria, pero la potencialidad de la voluntad colectiva de preservarlo.

Desgraciadamente para Barthes, sin embargo, hoy en día ya somos capaces de escribir con símbolos tan efímeros como son las fotografías. No es que antes no existiera la moda, o la infinitud de cosas a las que sacamos fotografías hoy en día. Es que hoy en día podemos "escribirlas" en imagen y luego reproducirlas.

En este contexto, el libro va desapareciendo. Nos preocupa su evolución. La lectura es algo individual, que no nos reencuentra con nosotros mismos, que nos ayuda a cuidar nuestra vida interior. La lectura es un producto de la sociedad burguesa. Es individual, pero no es social. Es por ello quizá por lo que da la sensación de que pasa a un segundo plano, aunque realmente conserve su fuerza de siempre gracias a los que cada día cogemos un libro.

Cuando decimos que el libro 'desaparece' del panorama social al que estaba atado es porque aparecen otras cosas. Un nuevo alfabeto. Existe una nueva oralidad (mediante la radio y los podcasts) que además tiene una memoria propia (su capacidad de almacenamiento puede superar amplimante las barreras del espacio del tiempo). Existen nuevas imágenes con significados antes inexpresables gracias a las nuevas tecnologías (ilustraciones de photoshop, arte digital) y existen nuevos textos, que si bien no han cambiado su manera 'gráfica' de ser, ya que la ley de los ideogramas sigue vigente, sí ha cambiado la manera en la que nosotros nos enfrentamos a él.

Los textos digitales, al contrario de lo que mucha gente puede pensar, no son leídos iguales que los grafismos en papel. El texto en papel es lineal (no se nos ocurre saltar de linea a linea), es individual. Contiguo (después de un capítulo de un libro, sencillamente doblamos la página y comienza otro) y coherente. La lectura en pantalla es totalmente diferente. Es una lectura fragmentada, que no entiende a veces de lineas y, lo más importante: es discontinua e hipertextual. No tenemos que acabar de leer una información para pasar a la siguiente, y a esta nueva información no se llega pasando de página, sino que se llega haciendo un click que nos puede llevar a contenidos realizados en la otra parte del mundo.


Por último, los textos digitales provocan participación e interacción. Quizá esa sea la característica diferenciadora más importante de todas. Son ya, algo social.

martes, 30 de noviembre de 2010

Educación y Tecnología

A lo largo de la historia han existido diferentes tecnologías utilizadas por los maestros para transmitir conocimientos a sus alumnos. No en vano, en la actualidad vemos cómo varias tecnologías de aprendizaje se mezclan en nuestras clases. En esta entrada haremos un repaso la historia de la tecnología desde el punto de vista de la educación.

1. Escuela Filosófica



Ésta escuela se basa en el diálogo y la confrontación de ideas como tecnología y punto de partida para el aprendizaje. Hasta el renacimiento, por lo tanto, la tecnología utilizada para la transmisión de conocimientos es el caminar y hablar.




2. Escuela centrada en el libro


Son la clave de la formación de las escuelas. El libro de texto ha sido durante siglos la herramienta de clase por excelencia. Comporta la repetición de la lectura y la no-interpretación de lo escrito, pues lo escrito gozaba de una inmunidad y veracidad superiores a la palabra hablada.



3. Escuela Gremial



El aprendizaje se realizaba en talleres, mediante maestros que ofrecían alojamiento a sus alumnos a cambio de un aprendizaje en una profesión o arte (un protobecario, para entendernos). Las propias herramientas de trabajo, así como la observación, imitación y disposición personal eran la tecnología utilizada para la transmisión de conocimientos en esta época.


4. Escuela de pizarra




A pesar de que la pizarra se lleva utilizando desde hace muchos años por su facilidad técnica para escribir y borrar infinitas veces (en muchas ocasiones fue utilizada no solo para enseñar, sino como objeto personal del alumno para hacer deberes), es necesario mencionarla como una tecnología reciente de aprendizaje, pues todavía hoy se utiliza.




Conviviendo con la pizarra, en los últimos años, encontramos también el VHS y, más recientemente, el DVD, como tecnologías de aprendizaje. Su efectividad depende en su totalidad del contenido de la tecnología, y de lo adaptado que esté a la edad de quien aprende.





5. Escuela Digital... ¿Presente o Futuro?

En los últimos años hemos visto cómo la pizarra y el libro, junto con el reciente video, que habían reinado como tecnologías en la escuela están dando paso a un nuevo tipo de pizarras, un nuevo tipo de libros y un nuevo tipo de videos: Estoy hablando de la reciente implantación de lo que muchos se atreven a definir ya como e-learning. La escuela electrónica. Y lo cierto es que cada vez se suman más y más escuelas a este proyecto, jubilando las todavía presentes pizarras de tiza y borrador por aquellas cableadas y conectadas al ordenador, utilizando libros electrónicos en lugar de una edición en papel, proyectando videos de YouTube como material didáctico en lugar del clásico VHS o, por qué no, utilizando ordenadores como método para coger apuntes, en lugar del tradicional papel y boli.

sábado, 9 de octubre de 2010

Reflexión: Star Wars, Multitasking, Digital Gap y Alfabeización Digital

Lo admito. He nacido en la Era de la Información y estoy orgulloso de ello.

Mis padres y mis abuelos me hablan de su infancia, y los instrumentos que pueblan sus palabras se pueden resumir en los siguientes: herramientas del campo, juguetes de madera y lo complicado que era vivir en una Galicia posfranquista. Mi padre me habla de la escuela de entonces, y recuerda aquel libro del sistema educativo del dictador que servía para todo y para todos (y dios te salve de decir lo contrario, todavía me advierte en broma).

La transmisión del conocimiento es una de las ciencias humanas más antiguas y probablemente una de las que más fascinación han provocado en mi pequeño cerebro. Cuando mis familiares me confiesan sus recuerdos me imagino algo parecido a cuando me hablaban de Nueva York-hasta que fui-pero a la inversa: Otro mundo.

A veces practico el sano ejercicio de contarle a mis padres mi propia infancia (ellos estaban ahí, pero oh, vamos, no saben los pormenores) y en el momento en el que les explico que los instrumentos que me vienen a la cabeza son, primero, los libros (muchos, y de muchos colores, desde pequeño) y… los ordenadores no les causa sorpresa alguna.

Yo crecí entre los primeros soplos de vida del Windows 95. Recuerdo aquella pantalla verde mate (o azul eléctrico, a veces) y los juegos de Inicio como algo traído-al igual que Nueva York, antes de ir- de otro planeta. Por aquel entonces las máquinas de la biblioteca (no podría haberme permitido un ordenador a los 6 años, era un juguete demasiado caro y poco serio, en palabras de mis padres) corrían a unos pocos megahercios de potencia, tenían una memoria caché ínfima, la RAM llegaba, con suerte, a los 64mb y si el Disco Duro tenía 4 gigas de capacidad (lo que hoy tiene un DVD, o la tercera parte de un Blu-Ray) era la releche en patinete. En aquel momento, las cosas todavía se podían almacenar en disquetes (hoy ya no existen).

Me sentía todo un experto instalando y desinstalando los juegos de la biblioteca. Juegos de matemáticas, de aventuras… Recuerdo cuando pusieron los primeros terminales NT.
Windows NT-que nunca acabé de entender para qué sirvió desarrollar semejante producto-lanzaba al estrellazo el Netscape. La autopista del .com, la revolución de la comunicación. Recuerdo la primera página web que visité con él. Una web que se anunciaba en Pokemon, una de esas series (como es ahora Ben 10) que marcaron mi infancia mediática.

Mis padres no saben encender un ordenador. Y cada vez que les hablo de tecnología hacen esa cosa que tan bien saben hacer los padres de hacer como que te escuchan sin tener ni idea de lo que estás diciendo.
En términos de la academia decimos que yo soy un Nativo Digital, ya que he nacido prácticamente con el ordenador bajo el brazo, y ellos han caído en el Digital Gap, pues la sociedad no les ha dado la oportunidad de integrarse en este nuevo lenguaje del multitasking, la web 2.0 y demás conceptos que les suenan a OVNIS.

Antes de los años 90, con la revolución del ordenador, y de los años 40, que introducía el lenguaje audiovisual-que ahora ha de ponerse de acuerdo con el multimedia-la principal herramienta de comunicación era la escritura. Desde los primeros ideogramas del año 500 A.C. (meros objetos con imágenes que representaban ideas, como el lenguaje oriental) hasta la revolución Gutenberg, la letra-en diferentes niveles, usos y capacidades de entendimiento por parte de la población en cada época-era el principal lenguaje de comunicación que tenía la sociedad.

Evidentemente, en la Grecia clásica había poca gente que podía leer, y de esos pocos, tan solo algunos entendían las implicaciones reales de lo que estaban leyendo (de ahí eso que en comunicación política llamamos la democracia de cuatro. Los cuatro que sabían leer y convencerse mutuamente gobernaban). La escritura nació como un mero método para compilar datos y que no se perdieran en el transcurso de las generaciones; pero mientras ahora consideramos esta práctica, a veces, como un arte, en aquel entonces se consideraba casi una ofensa, un mero método. El verdadero arte estaba en la poesía, en el descubrimiento de la naturaleza a través de la transmisión del conocimiento-de maestro a discípulo, de poeta a audiencia, de filósofo a alumno-, pero siempre mediante la oralidad y la convivencia.

Es importante señalar que a pesar de todas estas diferencias entre épocas, el concepto de Digital Gap se ha vuelto ahora manifiesto de una forma mucho más súbita y preocupante. Antes hablaba sobre Pokemon como una de las series que habían marcado mi infancia. Mi infancia está marcada por otros productos mediáticos. Desde pequeño-con mayor o menor acierto- he recibido una educación mediática. Una Alfabetización Mediática por parte de los medios de comunicación que me rodeaban.

A mis abuelos les cuenta entender lo que es y supone la ficción. “Eso en la realidad no pasa, eso es mentira”. No disfrutan de la ficción, a excepción de alguno de esos momentos cómicos que parodian una realidad cercana a la suya. Sin embargo, cuando yo tenía 10 años grabé mi primera pieza de ficción (era una copia barata de Star Wars, la localización era en el bajo de un amigo y la banda sonora era inexistente. Mi cámara no tenía la posibilidad de grabar sonido. Si alguien se atreve a buscar por youtube Alita’s Wars, se puede reír un buen rato. Es más, os lo copio aquí).







Entre la edad de mis abuelos y la mía corre un espacio de tiempo menor a 100 años, y entre mis padres y yo, menor a 50.

Todas estas reflexiones sobre mi vida cotidiana ponen de manifiesto un hecho: Las diferentes revoluciones tecnológicas están transformado la forma en la que nos relacionamos con el mundo y la manera en la que crecemos; y hay ciertos grupos de personas-generalmente (aunque no siempre) los más mayores-que no han crecido con este nuevo tipo de metodología. Este es uno de los objetivos de la Alfabetización Mediática: ayudar a estas personas a superar el Digital Gap. El otro es educar a las nuevas generaciones para que adquieran una conciencia crítica de los medios de comunicación.

Aquí es donde entramos los periodistas (aunque al Digital Gap y mis experiencias como formador de Inmigrantes Digitales volveremos más adelante).

Desde que Hitler intentó conquistar el mundo y que Goebbles lo ayudó, los gobiernos de todos los países del mundo han sido conscientes, en mayor o menor medida, del enorme e innegable poder que tienen los medios de comunicación en las personas. Especialmente las que hayan recibido una formación más débil o las que no conocen del todo bien el lenguaje audiovisual. No se equivoquen, de conductista tengo poco-aquellos que hayan leído mis exámenes de teorías de la comunicación sabrán que tengo a Henry Jenkins en mi boca todo el tiempo para contestar a aquellos que desprestigian la utilidad de los nuevos contenidos mediáticos, por otra parte de baja calidad. De lo que quiero hablar cuando digo esto es del importante esfuerzo que han hecho los gobiernos de todo el globo por crear su propio tesoro mediático e intentar transmitir mediante su contenido unos valores considerados como válidos en cada sociedad, con el objetivo de hacer crecer a las nuevas generaciones en un entorno sano con las herramientas del presente y del futuro.

Que la industria mediática forma parte de la educación de los niños es un hecho suficientemente probado por teóricos como Jose Ignacio Aguadet en su texto “La educación de los medios de comunicación en el ámbito Europeo”, donde el autor hace un repaso a, precisamente, las diferentes y numerosas organizaciones creadas por los gobiernos para asegurar una alfabetización mediática de primer orden.

No entraré en profundidad sobre los detalles de este texto, que en mi opinión es una gran aportación en el sentido que sirve como prueba de lo que realmente se hace desde la administración y en ocasiones no se ve, pero me interesa más hablar de las implicaciones de aquello que prueba.

De todos estos esfuerzos, a la Alfabetización Mediática y a los periodistas nos surgen muchas preguntas. ¿Cómo podemos utilizar estos nuevos instrumentos para educar a las nuevas generaciones? ¿Qué tipo de contenidos queremos que utilicen? ¿Nos sirve con una mera copia del libro en papel en libro digital? ¿Es el multitasking una concepción útil a la hora de asimilar conocimientos humanitarios? ¿Podremos convivir con la pizarra de tiza y borrador una vez hayamos convertido a estas en digital? ¿Querremos hacerlo?...

No tengo respuesta para todas estas preguntas, pero espero poder tener una opinión mejor formada al final del curso.

Ante este reto del periodismo, surge el otro reto de la sociedad relacionado con la Alfabetización mediática. ¿Qué supone para un inmigrante digital de 50 años encontrarse frente a un ordenador? ¿Qué tipo de problemas afronta en su vida diaria una persona que no sabe utilizar el e-mail?

A esto sí puedo tener respuesta. Una persona que no sabe cómo utilizar el correo electrónico no puede buscar trabajo por internet (el lugar donde, discutiendo la calidad de la oferta, más ofertas de trabajo hay). Una persona que no tiene una dirección de correo interactivo no puede hacer la declaración de la renta de forma rápida y segura, ni puede pagar recibos a través de la Banca Electrónica, ni puede comprar un billete de avión. Una persona que no tiene e-mail, en una universidad, no tiene apuntes.

Antes, saber escribir hacía que las personas ganaran autonomía, ahora, saber utilizar ordenadores es la nueva forma de adquirir esta autonomía.

El año pasado formé parte de un proyecto de Alfabetización Digital impulsado desde Barcelona Activa y la UAB, el proyecto Cibernàrium, del cual he ganado unas cuantas experiencias gratificantes, tanto como persona, profesor y periodista.

Cibernàrium se organizaba en una serie de 10-12 cápsulas cuyos contenidos iban aumentando en complejidad e importancia a medida que el alumno las iba superando. En la primera cápsula se explicaba lo que era el teclado y el ratón, mientras que en la última me emocionaba explicando las maravillas sociales que en la teoría puede conseguir Facebook (y las peligrosas adicciones que esconde) o cómo Xing, Twitter o LinkedIn les podrían servir para hacer networking empresarial y, quizá, encontrar un nuevo trabajo.

Las experiencias más divertidas ocurrían en la primera cápsula. ¿Cómo explicaría usted a una persona que jamás se ha detenido mínimamente a ver un ordenador (y que, además, muy posiblemente, le tenga miedo) lo que es un teclado y un ratón?

No es tan fácil, ¿eh? Si, si. El teclado sirve para escribir. ¿Pero como explicas lo del ratón? ¿Y por qué tiene nombre de animal…?

Estos conceptos que, a mí, nativo digital, se me antojaban obvios y evidentes, a aquellas personas mucho más sabias que yo en cuanto a experiencia vital (y así me lo pagaban muchas veces, en mostrarme pedazos del pasado) y, a menudo, en complejas ciencias (en una ocasión le di clase a un viejo empresario catalán que hizo, en su época de mozo, varios masters en EEUU) les resultaban absolutamente extranjeros e interplanetarios.

¿Ha adivinado ya cómo podría explicar a un Inmigrante Digital lo que es un teclado o un ratón? Je, yo lo hacía de la siguiente forma: El ordenador es como un cuerpo humano. Tiene diferentes órganos que le sirven para funcionar correctamente. La torre es el cerebro. El ratón nuestras manos, la pantalla los ojos y el teclado es el diccionario que utilizamos para comunicarnos con él, ya que habla otro idioma.

Algunos de los problemas más comunes que encontraba con mis alumnos estaban relacionados con meros conceptos físicos (hay quienes cogían el ratón como quien coge una cuchara, o que escogían moverlo por la pantalla en lugar de utilizar la superficie de la mesa), sin embargo, en donde siempre surgía la duda, lo que más les costaba aceptar, era la mentalidad con la que se trabaja en un ordenador: El concepto multitasking.

El truco de magia favorito de los inmigrantes digitales es el botón minimizar. Comprender que cuando dejamos algo en la barra de tareas, no se ‘va’. Sino que está ‘ahí’. ¿Ahí… donde? Ahí. En forma de bits. ¿En forma de qué? No importa. Clique, ya verá como le vuelve a aparecer lo mismito que tenía usted antes. *click*. Uala!

Y cuando hacíamos un minimizar y abríamos el Firefox, aquello ya era otro universo. Resulta que uno podía escribir… y navegar al mismo tiempo. ¿Pero para qué? Yo cuando leo un libro en papel no me pongo a cocinar… pero en el ordenador se supone que tengo que cocinar mientras leo, o tardaré el triple en hacer todo lo que tengo que hacer.

Podría escribir dos libros sobre el proyecto Cibernàrium, que está probando tener mucho éxito en Barcelona y cuenta, cada vez, con más puntos en donde tomar las cápsulas (ahora extendidas por toda la ciudad condal gracias al acogimiento de las bibliotecas. Los templos del libro de lomo ahora también alfabetizan digitalmente. Qué remedio.), pero lo que me interesa destacar es el cambio de paradigma y de modo de pensamiento que implica el hecho de hacer muchas cosas a la vez en lugar de hacer tan solo una. Según para qué cosas es útil. Según para qué otras (como para leer literatura) me parece un sacrilegio. Pero eso ya es cuestión de cada uno y su ética digital.